
El poemínimo lo es aún más, ya que debe de estar bien hecho y con una excelsa imaginación, manejarse el doble sentido y tener, casi siempre, un final inesperado, además de que, por lo general, debe ser lúdico.
En este libro, hoja tras hoja, es ir por los suburbios del amor, esas ciudades perdidas en las que, cuando menos una vez, hemos estado como inquilinos.
Un libro no sustituye al amor; pero podría llevarnos a aprender de nuestra propia experiencia para, un día, ser dignos del amor.